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LA VEJEZ

Vivimos todas las etapas de nuestra vida con más o menos consciencia y, con inconsciencia, o con un poco más de lucidez, llega un momento en que sentimos que entramos en una etapa temida y sin embargo en alguna manera deseada, -todos deseamos vivir muchos años- a la que llamamos VEJEZ.

Esta palabra en nuestra civilización solo tiene connotaciones negativas porque a ella se asocian la enfermedad, la decrepitud y finalmente, la muerte. Sin embargo, en otras sociedades “menos civilizadas”, a los viejos se les llama ANCIANOS y ocupan puestos  sociales privilegiados.
Estas dos maneras tan diferentes de entender este periodo de la vida, nos invita a considerar que hay dos formas sociales de ver, evaluar, posicionar e integrar a las personas, a medida que cumplen años:

 • En algunas sociedades que llamamos “primitivas”, no se discrimina a ninguna persona por el hecho de tener más edad, ni se considera que por ello tengan menos capacidades, porque se aprovecha en bien de la sociedad la experiencia y sapiencia de esas personas.
• En nuestra sociedad moderna y “avanzada”, hay una programación de vejez que se establece a una edad determinada y a la que es difícil sustraerse porque en todos los ámbitos sociales en los que nos movemos, nos lo recuerdan continuamente.

Es importante que tomemos conciencia de esta programación para "desprogramar" cada día de nuestra vida, los pensamientos y conductas que nos llevan a esa vejez y tomemos actitudes creativas.

Porque mientras estoy vivo puedo aprender y evolucionar y es, en este aprendizaje, dónde yo doy movimiento a mi cuerpo, a mi mente y, como consecuencia, mis células se oxigenan y rejuvenecen.

 

 

 

Convivimos con la programación para envejecer desde que somos niños y crecemos escuchando a las personas de nuestro alrededor frases como: “a mi edad…” y a continuación: “ya tengo tal dolor, tal achaque”, “ya no puedo”, “para qué voy a hacer tal cosa”, etc. etc. y, sin darnos cuenta, nos marginamos de la vida, y la vida entonces, nos deja fuera.

Con sorpresa para algunos de nosotros, llega un momento en que sentimos que es cierto, que es irremediable, que estoy envejeciendo.

Hay dolor, miedo, sobre todo mucho miedo. Miedo a la incapacidad, a la pérdida de las capacidades físicas y mentales, a la muerte;  en ese estado de ansiedad y de gran dolor emocional, cada cosa que nos pasa, (que probablemente nos está pasando desde hace años), cada arruga nueva que nos vemos, cada dolor que sentimos,  la asociamos con:
“¿Lo ves? Es cierto, ya estás empezando a ser vieja, ya estás cruzando la frontera que te separa de una vida activa, con proyectos, con ilusiones, a la vida de  resignación, de apatía, de refugiarte en un  pasado  porque ya no hay futuro para ti”.

Llegado este momento en el sentimos, quizás por primera  vez en nuestra vida, que la vejez está ahí también para nosotros:


¿QUÉ PODEMOS HACER?
Lo primero, cambiar nuestros registros mentales, dándonos cuenta que si hacemos nuestra esta programación social, nos convertiremos en viejos que tan solo esperan alejar la muerte un día más, únicamente pendientes de cada molestia que aparece porque inconscientemente es una amenaza de esa pérdida de facultades programada y de la muerte en definitiva. Debemos cambiar esos registros mentales porque:
• Mientras que estamos vivos podemos aprender, descubrirnos y aprovechar cada día lo aprendido.
• Mientras que estamos vivos, tenemos nuestra energía interna a  disposición de nuestro cuerpo para sentirnos vitales.
• Mientras que estamos vivos, tenemos recursos físicos, emocionales, mentales, de salud, para que nuestra vida siga siendo enriquecedora.
Por tanto, es importante que  al término VEJEZ le demos un significado más amplio y más esperanzador, para que lo acoplemos  a nuestro cuerpo con sabiduría, viviendo y  avanzando hasta el último momento, cada uno  según su capacidad.

Ultima actualización (Miércoles 08 de Diciembre de 2010 14:27)

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